Operación Huracán: El Cóndor sigue volando

Por Julio Oliva García

Vocero Comisión Funa

 

La más reciente arremetida represiva contra el pueblo Mapuche ha sido denominada por Carabineros y el Ministerio del Interior como “Operación Huracán”, rememorando las tristemente célebres “Operación Albania”, “Operación Leopardo” y “Operación Colombo”, entre tantas acciones criminales realizadas por la dictadura cívico-militar.

No es una comparación antojadiza, al uso de leyes de la dictadura, como la Ley Antiterrorista, se unen las violentas formas ilegales de realizar detenciones y allanamientos que han caracterizado desde hace ya un buen tiempo la forma de actuar de la policía militarizada en territorio Mapuche.

Junto con eso, tal como lo fue con los profundos cambios impuestos a nuestra sociedad por medio del crimen y el terror, los beneficiados con el actuar de los agentes y aparatos del Estado son los empresarios, en este caso del sector forestal y de los camioneros, parte de los mismos que impulsaron activamente el golpe militar y actuaron en complicidad con las Fuerzas Armadas y de Orden desde los primeros días de la dictadura, como podemos comprobar en el caso del dueño de Transportes Luzoro, Juan Luzoro Montenegro, que apoyó la represión contra los campesinos de Paine, y en el caso de la familia Matte, dueña de la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones, que puso sus terrenos y vehículos al servicio del secuestro y asesinato de trabajadores y dirigentes sindicales de Laja, por nombrar solo un par de casos.

Tal como asevera en su último libro Martín Almada, quien descubrió los “Archivos del Terror” en Paraguay, la Operación Cóndor no era solo la alianza entre las policías secretas de las dictaduras latinoamericanas para intercambiarse información y prisioneros, si no la aplicación de una estrategia de largo aliento dirigida desde los Estados Unidos como forma de “dar estabilidad” a la zona luego de terminadas las intervenciones militares.

La idea de guerras de baja intensidad, instaladas ya desde la Escuela de las Américas con la invención del “enemigo interno”, la mantención de altos grados de impunidad para los ejecutores directos de las violaciones de Derechos Humanos y la absoluta inexistencia de juicios políticos contra los responsables civiles, han sido la base para mantener las democracias protegidas de las que hablaba el ideólogo del neoliberalismo en Chile, Jaime Guzmán Errázuriz. El mismo personaje a quien la Concertación de Partidos por la Democracia le reconocería características de demócrata y sería elegido Senador, gracias al sistema binominal de votaciones, y que había concebido la institucionalidad que aún nos rige bajo la premisa de que “la Constitución debe procurar que si llegan a gobernar los adversarios, se vean constreñidos a seguir una acción no tan distinta a la que uno mismo anhelaría, porque -valga la metáfora- el margen de alternativas que la cancha imponga de hecho a quienes juegan en ella sea lo suficientemente reducido para ser extremadamente difícil lo contrario”.

Así, mientras algunos se instalaban como oposición, desde una derecha golpista que milagrosamente se había reconvertido en democrática, otros comenzaban a acomodarse en un modelo que se les haría dulce, lleno de oportunidades para convertirse en “clase en sí” y con múltiples caminos para generar ingresos millonarios, con el único deber de mantener intacto el modelo. A tanto llegaría la falta de revisión del pasado, que las Fuerzas Armadas y de Orden mantuvieron casi intactos sus planteles, ocultando a criminales de Lesa Humanidad, ejerciendo presiones para que quienes fuesen condenados mantuvieran sus millonarias pensiones y penaran sus culpas en recintos militares o muy bien acondicionados, contando incluso con una autonomía tal que les permitió hacerse parte de la corrupción imperante a través de venta ilegal de armas, cobros de coimas y malversación de fondos.

Es preciso recordar que las mismas instituciones que fueron instruidas en el “combate a la subversión”, hoy continúan asistiendo a clases en la renovada Escuela de las Américas, que cambió su nombre por el de Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad. Por esto, no es extraño que en entrevista televisiva el actual comandante en jefe del Ejército, Humberto Oviedo, se ofreciera para encabezar una nueva “Pacificación de la Araucanía” o que relativizara las graves violaciones a los Derechos Humanos cometidas por su institución bajo un supuesto contexto que las explicaría.

Por lo mismo, no es motivo de asombro que el actual gobierno proteja al General Director de Carabineros, Bruno Villalobos, cuando el organismo está envuelto en uno de los más gigantescos fraudes al fisco y que, la Dirección de Inteligencia que él encabezara, hoy sea la encargada de acrecentar la represión al movimiento Mapuche que lucha por la salida de las empresas forestales de las tierras que ancestralmente ocuparon.

Lo que ocurre hoy en territorio Mapuche, como lo que sucede con algunas poblaciones estigmatizadas que también se encuentran bajo un verdadero Estado de Sitio, es solo una continuidad de este plan estratégico instalado para dejar intactas las transformaciones impuestas por medio de las graves violaciones a los Derechos Humanos. Como dice Martín Almada, el Cóndor sigue volando.

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